Por Arika Sánchez, Centro de Nuevo México sobre Derecho y Pobreza
Publicado en el Albuquerque Journal, Source NM y otras publicaciones el 28 de mayo de 2025
Todos los habitantes de Nuevo México merecen tener acceso a la asistencia sanitaria, a la dignidad y a la tranquilidad que proporciona saber que su familia estará bien atendida. Pero, en estos momentos, esa promesa fundamental está siendo amenazada.
Como madre, abogada y defensora de la asistencia sanitaria, trabajo con familias de todo Nuevo México —en pueblos rurales, comunidades indígenas y barrios urbanos— que dependen de Medicaid como su único salvavidas. Para demasiadas personas, es la única forma de poder acudir al médico, a una cita de salud mental o recibir un tratamiento que les salve la vida.
En estos momentos, el Congreso está debatiendo un presupuesto que acabaría con Medicaid y recortaría drásticamente la financiación de los programas de los que dependen nuestras comunidades a diario. El llamado «One Big Beautiful Bill» —aprobado recientemente por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos— supondría recortes profundos, drásticos y devastadores a Medicaid, perjudicando a las personas mayores, a las personas con discapacidad y a los niños. Incluso propone nuevos y onerosos «requisitos laborales», una política anticuada y fallida que generaría una burocracia innecesaria y privaría a las personas de la atención sanitaria, no porque no trabajen, sino porque no pueden hacer frente a unos trámites confusos.
Seamos claros sobre lo que esto significa en Nuevo México:
- Casi 850 000 personas, entre ellas casi el 70 % de nuestros niños, dependen de Medicaid.
- Cubre pruebas de detección del cáncer, visitas prenatales, recetas médicas y atención de salud conductual: una atención que mantiene unidas a las familias.
- En las comunidades rurales y tribales, constituye la columna vertebral de nuestro sistema sanitario: financia las clínicas, mantiene abiertos los hospitales y garantiza que los profesionales sanitarios puedan atender a todas las personas que acuden a ellos.
Si se aprueba este presupuesto, todo eso corre peligro. Ya hemos visto cómo más de 100 000 habitantes de Nuevo México han quedado excluidos de Medicaid en el último año. Muchos siguen reuniendo los requisitos, pero se pierden en los trámites burocráticos de la «desactivación». Estas nuevas propuestas empeorarían aún más la situación.
Esto significaría que los recién nacidos se perderían revisiones médicas fundamentales en sus primeros meses de vida, que los padres se verían obligados a elegir entre comprar comida o insulina, y que habría personas que sufrirían y morirían a causa de enfermedades que se pueden prevenir.
¿Y para qué? Para conceder más desgravaciones fiscales a los más ricos y a las grandes empresas.
Hablemos de estos «requisitos laborales». La mayoría de las personas que pueden trabajar ya lo hacen, sobre todo en empleos mal remunerados, estacionales o de cuidados. Y quienes no trabajan suelen enfrentarse a obstáculos reales: discapacidad, responsabilidades de cuidados, falta de transporte o situación de vivienda inestable. Los estudios muestran que aproximadamente la mitad de las personas sujetas a estos requisitos pierden su cobertura, no porque no estén dispuestas a trabajar, sino debido a la carga burocrática y los trámites administrativos.
No se trata de fomentar el trabajo. Se trata de privar a la gente de la asistencia sanitaria.
Juntos debemos rechazar esta legislación imprudente y perjudicial que privaría de asistencia sanitaria a millones de estadounidenses. Ha llegado el momento de plantar cara, y nuestras historias son nuestra defensa más poderosa. Debemos alzar la voz con firmeza y valentía para enviar un mensaje claro a los senadores: nadie puede permitirse perder su cobertura sanitaria.
¿Te has beneficiado tú o tu familia de Medicaid? Ahora es el momento de contar tu historia para protegerlo. Contar tu historia puede evitar recortes perjudiciales antes de que se conviertan en ley, mostrar a los legisladores lo que realmente está en juego y proteger la asistencia sanitaria de millones de familias como la tuya.
Protejamos Medicaid y cuidemos los unos de los otros. No nos limitemos a defender lo que tenemos, sino que exijamos más: un sistema sanitario que realmente funcione para todos nosotros.